Hoy en día, el plástico está perdiendo la batalla. Seguramente uses más el móvil para pagar tus compras que tu cartera física, y es que llevar las tarjetas metidas en Apple Pay o Google Pay se ha convertido en la norma para cualquier joven. Sin embargo, cuando llega el momento de meter los datos de tu tarjeta en una nueva tienda online de ropa que acabas de descubrir por Instagram, o en una plataforma de videojuegos de dudosa reputación, a todos nos entra la misma duda: ¿Me estarán robando los datos de la cuenta?
El miedo a que nos clonen la tarjeta o nos cobren comisiones ocultas es completamente real. Por suerte, los bancos digitales han desarrollado una herramienta brillante para acabar con este problema: las tarjetas virtuales.
Si todavía estás usando tu tarjeta de débito física de toda la vida para comprar absolutamente todo por internet, estás asumiendo un riesgo innecesario. Aquí te explicamos el cara a cara entre tarjetas virtuales y físicas, y cuál deberías usar en cada momento para mantener tus ahorros a salvo.
Tarjeta Física: El clásico de plástico (o metal)
La tarjeta física es la de siempre. Tiene tus 16 dígitos grabados, una fecha de caducidad y un código de seguridad (CVV) de tres cifras en la parte trasera.
- Para qué sirve: Su uso principal hoy en día es el mundo real. Sacar dinero en un cajero automático, pagar en un festival de música si te quedas sin batería en el móvil o dejarla en la guantera del coche por si acaso.
- El peligro online: Si metes los datos de tu tarjeta física en una página web que sufre un hackeo, los ciberdelincuentes tendrán acceso a tu número de tarjeta definitivo. Podrán intentar hacer cargos mensuales o compras en el extranjero hasta que te des cuenta, bloquees la tarjeta y tengas que esperar una semana a que el banco te envíe un trozo de plástico nuevo a casa.
Tarjeta Virtual: El escudo invisible de tu dinero
Una tarjeta virtual solo existe dentro de la aplicación de tu banco en el móvil. No ocupa espacio en la cartera, no se puede perder y se genera al instante con un solo clic de forma totalmente gratuita.
Dentro de las tarjetas virtuales, existen dos tipos que debes conocer:
1. Tarjetas virtuales fijas
Tienen unos datos (número y CVV) que no cambian. Son perfectas para asociarlas a tus gastos recurrentes, como la suscripción de Spotify, el gimnasio o tu cuenta de Amazon. Si alguna vez quieres dejar de pagar un servicio y la empresa te pone problemas para darte de baja, solo tienes que borrar esa tarjeta virtual desde tu app y «adiós problema».
2. Tarjetas virtuales desechables (La joya de la corona)
Bancos como Revolut ofrecen esta opción de forma gratuita. Es una tarjeta virtual que cambia de número automáticamente cada vez que haces un pago. Si vas a comprar unas zapatillas en una web extranjera, metes los datos de tu tarjeta desechable, el pago se procesa y, un segundo después, esos números dejan de existir para siempre. Si esa web fuera una estafa e intentaran cobrarte algo más tarde, el sistema les dará error porque la tarjeta ya está destruida.
Cuál debes elegir según la situación
Para tener una seguridad militar en tus finanzas sin complicarte la vida, sigue esta regla sencilla:
- Usa la Tarjeta Física: Únicamente para el día a día en la calle, tiendas físicas y cajeros automáticos.
- Usa la Tarjeta Virtual Fija: Para tus suscripciones mensuales (Netflix, iCloud, etc.) y tus aplicaciones de transporte o comida a domicilio habituales (Uber, Glovo).
- Usa la Tarjeta Virtual Desechable: Para cualquier primera compra en una web que no conozcas, tiendas de dropshipping, páginas de segunda mano o servicios donde solo vayas a comprar una vez.
Proteger tu dinero en internet no requiere ser un experto en ciberseguridad; solo requiere usar las herramientas adecuadas. Entra hoy mismo en la aplicación de tu banco, genera tu primera tarjeta virtual y deja tu tarjeta física a salvo dentro de tu cartera.